Ante el creciente aumento de precio del “petróleo fósil”, alcanzando los US$ 118.00 el barril, se ha tratado de encontrar bienes sustitutos al petróleo con resultados satisfactorios. Por otro lado, se ha tratado de reducir el consumo de éste, por ejemplo en la fabricación de automóviles híbridos, vehículos que combinan un motor de combustible tradicional con energía eléctrica.
Esta tecnología hasta ahora es muy costosa, encontrándose una nueva clase de combustible, el Biocombustible. Derivado de organismos vivos, los más usados son el bioetanol, producido del maíz y la caña de azúcar y de algunos cereales y el biosiesel, fabricado a partir de aceites vegetales.
Lo favorable de éstos nuevos combustibles es que son más ecológicos, pues se queman de forma más limpia, y por supuesto son menos caros que el petróleo fósil, que desde el año pasado ha repuntando considerablemente en el precio.
La otra cara de la moneda por el uso de Biocombustibles es el uso de las tierras de cultivo destinadas al consumo humano, ahora se destinan a la producción de biocombustibles por ser más rentables.
Esto traería consecuencias muy negativas, entre ellas la más importante: el aumento de la inflación en el precio de los alimentos, los más afectados serían los países en vías de desarrollo, que según CNN, la mayoría de los pobladores gasta entre el 60 y 80% de sus ingresos en alimentos y que el 40% de la población de Latinoamérica gana menos de US$ 1.00 al día, perjudicando la vida de los pobres. En cambio, en Europa, la gran mayoría de tierras se destinan para la fabricación de biocombustible.
La menor producción de alimentos, elevaría demasiado el precio de los alimentos, que es lo que estamos viendo actualmente, una inflación mundial de los precios. No estoy afirmando que se deje de fabricar este nuevo combustible, sino que se encuentren nuevas tierras de cultivo, y que no se desplacen las tierras destinadas al consumo humano a la fabricación de combustible. La manipulación genética, la producción de cereales transgénicos pueden ser un gran aporte para la elaboración de biocombustible.
Esta tecnología hasta ahora es muy costosa, encontrándose una nueva clase de combustible, el Biocombustible. Derivado de organismos vivos, los más usados son el bioetanol, producido del maíz y la caña de azúcar y de algunos cereales y el biosiesel, fabricado a partir de aceites vegetales.
Lo favorable de éstos nuevos combustibles es que son más ecológicos, pues se queman de forma más limpia, y por supuesto son menos caros que el petróleo fósil, que desde el año pasado ha repuntando considerablemente en el precio.
La otra cara de la moneda por el uso de Biocombustibles es el uso de las tierras de cultivo destinadas al consumo humano, ahora se destinan a la producción de biocombustibles por ser más rentables.
Esto traería consecuencias muy negativas, entre ellas la más importante: el aumento de la inflación en el precio de los alimentos, los más afectados serían los países en vías de desarrollo, que según CNN, la mayoría de los pobladores gasta entre el 60 y 80% de sus ingresos en alimentos y que el 40% de la población de Latinoamérica gana menos de US$ 1.00 al día, perjudicando la vida de los pobres. En cambio, en Europa, la gran mayoría de tierras se destinan para la fabricación de biocombustible.
La menor producción de alimentos, elevaría demasiado el precio de los alimentos, que es lo que estamos viendo actualmente, una inflación mundial de los precios. No estoy afirmando que se deje de fabricar este nuevo combustible, sino que se encuentren nuevas tierras de cultivo, y que no se desplacen las tierras destinadas al consumo humano a la fabricación de combustible. La manipulación genética, la producción de cereales transgénicos pueden ser un gran aporte para la elaboración de biocombustible.
SERGIO EDUARDO NAVARRO DIAZ
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